Esponja: grosor máximo total y lo que implica
El reglamento ITTF fija una cifra que el jugador encuentra citada por todas partes, casi siempre sin la aclaración que le da sentido: 4,0 mm. Lo que esos cuatro milímetros limitan no es el grosor de la esponja, sino el grosor total del recubrimiento pegado a la madera. Ese recubrimiento incluye tres capas: el pegamento, la esponja y el topsheet. La suma de las tres es lo que no puede superar el tope, medido sobre la pala acabada.
La distinción importa porque los catálogos etiquetan las gomas por el grosor de la esponja sola —«Tenergy 05 en 2,1 mm», «Rasanter R47 en 2,0 mm»—, no por el grosor total. El topsheet ya ocupa entre 1,6 y 1,9 mm según el modelo, y el pegamento añade su fracción de décima. Por eso las gomas etiquetadas como «MAX» montan esponjas de entre 2,1 y 2,3 mm: más allá de esa cifra, sumadas al topsheet y al pegamento, rebasarían el límite legal. Dos gomas etiquetadas ambas como «2,1 mm» pueden tener grosores totales ligeramente distintos si sus topsheets difieren en espesor. Para el reglamento solo cuenta la suma.
La cifra se fijó a finales de los años cincuenta, cuando la esponja empezó a generalizarse y algunos fabricantes ofrecían grosores que amenazaban con convertir la goma en el brazo del jugador. La ITTF cerró ese camino con un único techo y lo ha mantenido durante más de seis décadas. El mercado entero se ha estructurado alrededor de esa cifra.
Dentro del tope cabe un rango amplio de decisiones, todas legales. En el extremo superior, las esponjas gruesas —en torno a 2,1 mm— dominan el juego ofensivo moderno: máxima compresión, mayor almacenamiento de energía. En el extremo inferior, esponjas finas —1,5 mm, 1,3 mm— recortan la compresión y se reservan para perfiles defensivos, picos cortos o bloqueo cercano. Y en el límite absoluto está la goma sin esponja, OX, con el topsheet pegado directamente a la madera: configuración casi exclusiva de picos largos, por razones que desarrolla 6.3. Las implicaciones de juego de cada grosor de esponja se tratan en 5.7.
Un punto que parece menor pero tiene consecuencias prácticas: el pegamento contribuye al grosor total. Una capa generosa puede acercar el conjunto al tope. Algo análogo ocurre con el boosting —tratado en el capítulo 14 y en 3.5—, que hincha la esponja por encima de su valor nominal. En competición, los árbitros disponen de instrumentos para medir la pala —como se retoma en 3.6—, y una goma engordada por el tratamiento puede suponer la descalificación sin haber infringido ninguna otra norma.
Los 4,0 mm son, pues, un techo sobre el recubrimiento completo, no sobre la esponja; la cifra del catálogo se refiere solo a una de las tres capas que la ITTF mide; y dentro de ese techo, la elección de grosor es una decisión de perfil de juego que el reglamento permite pero no orienta.